jueves, 25 de diciembre de 2014

PREOCUPACIONES Y RETOS EN EL DISCURSO DEL REY

 
           En su primer discurso dirigido a los españoles en Nochebuena tras su proclamación como rey, Felipe VI de España ha entroncado, como en sus discursos anteriores más importantes del año --el día de su proclamación, 19 de junio, o en su discurso ya como rey, en la entrega de los últimos Premios Príncipes de Asturias 2014, el 24 de octubre pasado-- con los graves problemas que atenazan a los españoles y a los retos de futuro que, aunque "no fáciles, tenemos coraje y capacidad de sobra" para superarlos, con "el deseo, la voluntad y la confianza en nosotros mismos".
            Quienes esperaban del rey alusiones a problemas que afectan a instituciones y personas, alguna de las cuales les son cercanas, o una puesta en escena distinta y distante de anteriores discursos navideños, se han visto defraudados en sus expectativas, pero pueden interpretar sus respuestas entre líneas, sin alusión alguna a nadie; pero quienes le seguimos y le vamos conociendo, sabíamos de antemano que no pasaría por alto ningún tema que preocupa a todos ni tampoco ningún reto de los que la sociedad española tiene planteados hoy, con la sintonía de un hombre de su tiempo y un monarca que desea ser "el primer servidor de los españoles".
            Uno de los asuntos que más preocupa a la sociedad española, la corrupción, ha sido uno de los primeros abordados por el monarca con énfasis, firmeza y decisión, con la rotunda afirmación de que "debemos cortarla de raíz y sin contemplaciones". Para el monarca, en la necesidad de "regeneración de nuestra vida colectiva, la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable" y "aunque es cierto que los responsables de esas conductas irregulares están respondiendo de ellas, como prueba del funcionamiento de nuestro Estado de Derecho",  ha advertido que "los ciudadanos deben estar seguros de que desempeñar un cargo público no sea un medio para aprovecharse o enriquecerse", lo que algunos han interpretado como velada alusión a los problemas judiciales por los que atraviesa la infanta y su marido. Ya no podría decir, como su padre, el rey emérito Juan Carlos I, que "la justicia es igual para todos". Lo es, y nadie debe coartar ni cercenar su camino en la búsqueda de la verdad para impartir Justicia. "La corrupción, en fin, debemos cortarla de raíz y sin contemplaciones."
            Sobre la crisis y el paro, el rey ha dado un tirón de orejas a quienes ya predican su fin o a quienes quieren ver la luz al final del túnel. "La situación económica continúa siendo un motivo de grave preocupación para todos; los índices de desempleo son todavía inaceptables y frustran las expectativas de nuestros jóvenes y de muchos más hombres y mujeres que llevan tiempo en el paro". El rey ha puesto de relieve que "la lucha contra el paro debe continuar siendo nuestra gran prioridad, porque la economía debe estar siempre al servicio de las personas" y porque "debemos seguir garantizando nuestro Estado de Bienestar".
            Sobre Cataluña y su desafío soberanista al Estado, ha sido claro y rotundo: "Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos y los otros, pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular y de todos en su conjunto... Nadie en la España de hoy es adversario de nadie... y la fuerza de esa unidad es la que nos permitirá llegar más lejos y mejor en un  mundo que no acepta la debilidad ni la división de las sociedades".  Ha subrayado, además, que "millones de españoles llevamos a Cataluña en el corazón, como también para millones de catalanes los demás españoles forman parte de su propio ser. Por eso me duele y me preocupa que puedan producirse fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos y ciudadanos". El monarca ha invitado a "seguir construyendo todos juntos un modelo que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro".
            Y, finalmente, el rey ha subrayado que "somos una democracia consolidada, disfrutamos de una estabilidad política como nunca antes en nuestra historia; nuestro marco constitucional nos ha permitido la alternancia política basada en unas elecciones libres y democráticas", y ahora nuestra esperanza son nuestros retos de mañana y futuro: regenerar la vida política, recuperar la confianza de los ciudadanos en las instituciones, garantizar nuestro Estado del Bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad.
            Todo dicho, aunque algunos habrá que echen de menos otros asuntos; pero el rey reina, no gobierna; coincide con partidos, sindicatos y asociaciones ciudadanas en los grandes temas del país, que ellos, y no él, deben sacar adelante con diálogo y altura de miras;  y se despide de todos con un "feliz Navidad" en las cuatro lenguas del Estado.
 

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