jueves, 16 de febrero de 2017

EL AMOR EN SÓCRATES

 
           En El Banquete, o el diálogo platónico sobre el amor, Apolodoro rememora los diálogos en los que participó Sócrates que tuvieron lugar en su infancia. Agatón inicia el relato para celebrar su victoria sobre las fiestas Leneas. Tras la comida, Erixímaco propone pasar el tiempo en discursos de alabanzas sobre el amor y de Eros que, en la mitología griega, es el dios responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. El primero en intervenir fue Fedro, quien dice que "solo los amantes saben morir el uno por el otro"; después, Pausanias, para quien "el amor es bello si es honesto"; a continuación interviene Erixímaco, quien afirma que "cuando el amor se consagra al bien y se ajusta a la templanza y a la justicia, nos procura una felicidad perfecta"; le sigue Aristófanes, para quien el amor "es el deseo de encontrar la mitad que nos falta", dividida por Zeus, padre de los dioses y de los hombres, en dos mitades. Agatón dice que "Eros es el más bello y mejor de los dioses" y "es un poeta tan entendido que convierte en poeta al que quiere".
            Habla Sócrates en último lugar. Y qué es para el filósofo el amor. Para él, "se ama lo que no se tiene; es decir, lo que se anhela en el otro. El amor es el amor de la belleza; luego, el amor no puede ser bello. Y como lo bello es bueno, tampoco puede ser bueno. Como todos los dioses son bellos y buenos, Eros no puede ser un dios, pero tampoco es humano. El amor consiste en querer poseer siempre lo bueno. El objeto del amor es la producción y generación de la belleza; y su objeto, la inmortalidad. El que quiere aspirar a este objeto desde joven, debe amar a los cuerpos bellos y, además, debe considerar la belleza del alma como más importante que la belleza del cuerpo".
            Para Sócrates, la belleza no está en el cuerpo y aboga por valorar la belleza del alma más que la del cuerpo y, al hacerlo así, el hombre tiene que ser guiado, mirará la belleza en los modos de vida y las leyes, lo que le conducirá a tener en menos la belleza física. Sobre el amor, en su diálogo con Agatón, Sócrates se pregunta: ¿Y amar aquello que aún no está a disposición de uno, no es precisamente esto; es decir, que uno tenga también en el futuro lo que en la actualidad tengo? ¿Acaso no estaría de acuerdo? Agatón afirmó que lo estaría. Para el filósofo, todo deseo de ser bueno y de ser feliz, es amor, "ese amor grandísimo y engañoso para todos"; pero unos se dedican a él de muchas y diversas maneras y no se dice ni que están enamorados ni se les llama amantes, mientras que los que se dirigen a él y se afanan según una sola especie, reciben el nombre del todo, amor, y de ellos se dicen que están enamorados y se les llama amantes.
 

sábado, 11 de febrero de 2017

AFILIADOS, MILITANTES Y MILITANCIA


           La primera jornada del XVIII Congreso Nacional del PP, celebrada en la tarde del viernes, nos ha traído una sorpresa lingüística que, aunque pareciere igual para todos los partidos políticos, no lo fuere para un grupo que aspira a diferenciarse del resto, aun en palabras del mismo significado. Los compromisarios apoyaron dejar de llamarse militantes, "una palabra de izquierdas", para definirse como afiliados (véase politica.elpais.com, de 10/02/2017). Esto nos recuerda el vocabulario político del antiguo régimen que, en convenios colectivos y ordenanzas laborales, llamaba a los empleados de las empresas "productores", en lugar de "trabajadores", por la connotación izquierdista que el vocablo último hubiere desde la II República. Más aún, otra enmienda debatida en comisión solicitaba modificar el logotipo del PP para eliminar el círculo que rodea el charrán (que no gaviota, aunque similar a ella, pero pacífica, no carroñera), "para que no se confunda con Podemos", que fue rechazada. (Íbid.)
            No se trata aquí de adecuar el lenguaje a una realidad cambiante, sino, más bien, de tratar de diferenciarse del resto. El círculo que rodea el charrán fue creado antes que naciere el logotipo de los podemistas. No hay, por tanto, por qué cambiar algo que nos pertenece a nosotros antes que a ellos, se dirían para sí los compromisarios que lo rechazaron.
            El lenguaje es mutante como la sociedad misma; pero la marca, el estilo, estigman la diferencia entre ropajes similares. Y hasta en eso quieren diferenciarse los partidos que acogen a sus afiliados. Y qué diferencias hay entre afiliados, militantes y militancia. Para la Academia, afiliado es una persona asociada a otras para formar una corporación o sociedad; es incorporar o inscribir a alguien en una corporación o en un grupo. Así, dícese de alguien que se afilia a un partido político o a la Seguridad Social. Y esto, que pareciere igual para todos, no lo fuere para quienes desean sobresalir entre los demás, adhiriéndose, uniéndose, colegiándose, alistándose... a una asociación, partido o sindicato.
            Militante, empero, va más allá de la simple afiliación. Del latín, militans, militantis, dícese de quien milita en una organización, el activista que participa activamente en la propaganda y el proselitismo de sus ideas; el que defiende una cierta ideología, no solo el que pertenece a ella. Esa apelación constante de la izquierda a los militantes, --a quienes el anterior secretario general socialista y de nuevo candidato a serlo, Pedro Sánchez, ponía por encima de los órganos del partido para que les dieren la razón y apoyasen su hoja de ruta hacia el abismo de su propia organización y del país entero--, ha devenido en este cambio, no sutil, del congreso del PP; es decir, ellos no son militantes del partido, sino afiliados, lo que fuere tanto como decir que uno no es parte de una Iglesia militante, aunque lo fuere por el bautismo o la confirmación, sino que, simplemente, va de oyente a misa, como si fuere a un acto de otra organización a hacer de palmero en un mitin. Los peperos (afiliados al Partido Popular) no serán, desde ahora, militantes, sino afiliados, para así distinguirse de la izquierda, para la que nada debe hacerse sin ser consultados, como si no tuvieren líder electo ni órganos que guíen la vida del partido hasta el próximo congreso.
            Y dónde dejamos la militancia. Hay una militancia que, muchas veces, se hace sinónimo del vocablo militante; pero la militancia, como aquel, viene de la raíz latina, referida a los soldados agrupados en un ejército. La militancia es diversa y plural: no solo la citada, sino la política, la social, o la suscitada por las creencias religiosas. La militancia implica la condición de militante; es el miles-tis, el soldado que milita; no solo el afiliado, sino el que apoya un proyecto, por lo que el conjunto de quienes le apoyan se agrupan en la militancia... El militante desarrolla su militancia dentro del partido, como un ciudadano dentro de una ong (organización no gubernamental que no son parte de las estructuras gubernamentales), o el cristiano en su iglesia... Rebajar al militante a la condición de afiliado es reducirlo a la nada, como si quisieren dejar de lado tanto a la izquierda del anterior secretario general, que no pudiere vivir sin ellos, como los dirigentes populares que, en los últimos tiempos, se han visto obligados a suspender de militancia a numerosos afiliados investigados y condenados por turbios asuntos que no deben empañar el vuelo del charrán con sus alas desplegadas al viento...   
 

martes, 7 de febrero de 2017

LOS HERMANOS EMERITENSES CALATRAVA, EN EL CONSEJO DE MINISTROS

 
           José María de Calatrava y Ramón María de Calatrava fueron dos hermanos nacidos en Mérida con una diferencia de cinco años. El primero vio la luz el 26/02/1781 y el segundo, el 26/04/1786. José María falleció el 16/01/1846, a los 64 años; y Ramón, el 28/02/1876, a los 90. Fue conocido el primero como político, jurista y diplomático; el segundo, como político y penador (en algunos pueblos, libro que tiene la justicia para sentar las bases que condena a quienes rompen con el ganado los cotos y límites de las heredades y sitios vedados) durante cuatro legislaturas.[1]
            Vidas paralelas la de ambos políticos emeritenses en el ámbito nacional. Ministros ambos de España, el primero de Estado y, a la vez, presidente del Consejo de Ministros en las mismas fechas (14/08/1836-18/08/1837), del Partido Progresista, durante cuyo gobierno se reconoció la independencia de México (28 de diciembre) y se abolió la esclavitud en el territorio peninsular e islas adyacentes (marzo de 1837), a quien sucedió Baldomero Espartero; el segundo fue ministro de Hacienda desde el 17/07/1842 hasta el 09/05/1843 en el gobierno presidido por José Ramón Rodil y Campillo, marqués de Rodil, durante la Regencia de Espartero (1840-1843).
            José María de Calatrava y Peinado [2] estudiaba Derecho en Sevilla cuando estalló la Guerra de la Independencia, en la que participó activamente desde la Junta Suprema de Extremadura. En 1810 fue elegido diputado de las Cortes de Cádiz en representación de la provincia de Badajoz. Tras la restauración absolutista, fue preso y encarcelado en Melilla hasta que fue amnistiado con ocasión de la llegada al poder de los liberales (Trienio Liberal), siendo nombrado magistrado del Tribunal Supremo y, ministro de Gracia y Justicia (1836-1837). El fin del Trienio Liberal supuso su exilio en Portugal, Inglaterra y Francia, junto a su hermano Ramón. Con la muerte de Fernando VII y la llegada de la Regencia de María Cristina regresa a España y, tras el Motín de la Granja de San Ildefonso, es nombrado presidente del Consejo de Ministros, en sustitución de Francisco Javier de Istúriz, encargando la cartera de Hacienda a Juan de Dios Álvarez Mendizábal, auténtico hombre fuerte de su gobierno, para que completara la reforma de la Hacienda Pública, que durante su año en el poder (1835-1836) culminó la Revolución liberal española, volviendo a poner en vigor toda la legislación revolucionaria de las Cortes de Cádiz y del Trienio Liberal, que puso fin al Antiguo Régimen de España. En dos ocasiones fue presidente del Congreso durante un breve periodo (del 9 de octubre al 9 de noviembre de 1820 y del 10 de septiembre al 18 de octubre de 1839). Entre 1840-1843 fue presidente del Tribunal Supremo.
            Ramón María de Calatrava y Peinado[3], tras comenzar los estudios eclesiásticos, optó por cursar Derecho en Sevilla,  como su hermano. En 1808 era jefe de la Contaduría General de Maestrazgos y, en la Guerra de la Independencia, fue capitán de la Sección de Voluntarios de Mérida. A comienzos del Trienio Liberal, logró un puesto en la Secretaría de Hacienda, donde ascendió al empleo de oficial mayor segundo, recibiendo más tarde el cargo de secretario del rey, con ejercicios de Decretos. Con la vuelta al absolutismo, en 1823, tuvo que emigrar a Inglaterra a la muerte de Fernando VII. Durante la Regencia de Espartero, fue nombrado ministro de Hacienda el 17 de julio de 1842 hasta el 9 de mayo del año siguiente, en que se produjo la caída del Regente. En 1868 fue nombrado consejero de Estado y presidente de la Sección de Hacienda y Ultramar. Fue senador en cuatro ocasiones y tuvo una activa participación como diputado en la vida parlamentaria desde 1836.
            Mérida le dedicó en su día calles con sus nombres en recuerdo de sus hijos ilustres y un Colegio de Educación Infantil y Primaria lleva el nombre del primero.
 

[1] Vid.: Díaz Sampedro, Braulio: La politización de la Justicia: el Tribunal Supremo (1836-1881), memoria para optar al grado de doctor, UCM, Madrid, 2004.
 
[2] Vid.: Ministros de Hacienda:  de 1700 a 2004. Tres siglos de Historia, Edit.: Ministerio de Hacienda, Madrid, 2003.
 
[3] Real Academia de la Historia: Índice alfabético de personajes (wwa.rah.es/Índice alfabético de personajes, 2016).

sábado, 28 de enero de 2017

PROCRASTINAR LAS CRISIS

 
           Siempre que se aventuran cambios políticos o sociales de cualquier índole, tendemos a procrastinar (diferir, aplazar...) los asuntos que nos competen. Ha sido noticia del fin de semana las consultas en línea más frecuentes que se producen en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), entre las que figuran procrastinar,  resiliencia o bizarro. La ampliación de las posibilidades de búsqueda y la navegación desde dispositivos móviles nos lleva a consultar, con mayor facilidad que ayer, las dudas de significado, ortográficas o morfológicas, de aquellos vocablos que generan más titubeos.
            La procrastinación, postergación o posposición es la acción o hábito de postergar actividades que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes. Pareciere, pues, un estado de ansiedad generado por una tarea pendiente, que se percibe como abrumadora, estresante, lo que nos lleva a justificar su posposición sine die, justificado por la urgencia. Ese "dejar para mañana lo que podemos hacer hoy", nos conduce a la dilación que tiene como meta la pereza.
            Lo fuere en Extremadura la Ley de Presupuestos, ya aprobada definitivamente, a pesar de la procrastinación de los novísimos de Podemos que, al ver rechazada su enmienda a la totalidad de la más importante ley del año, se niegan a presentar enmiendas parciales, al calificarlos de "continuistas" y de "no dar respuesta a las necesidades de la región" (véase extremadura.podemos.info/noticia, de 29/11/2016). La actitud podemista subsume los tres tipos de procrastinación: la evasión, cuando se evita el comienzo de una tarea por miedo al fracaso; por activación, cuando se posterga una tarea hasta que no hay más remedio que realizarla; y por indecisión, cuando se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo sin tomar una decisión, o el complejo de Penélope, el tejer y destejer de una tela esperando al amado Ulises. El PP traducía esta postergación como "denuncia a los que critican y luego no enmiendan, en alusión a Podemos, que presentó una a la totalidad de las cuentas, pero que ahora no ha registrado parciales" (véase hoy.es/extremadura, de 03/01/2017).
            A una crisis postergada por unos, se suma otra presunta y barruntada "crisis de gobierno", que no fuere tal, sino un cambio de personas al frente de unos órganos de gobierno de la institución que, en ocasiones, se realizan para evitar ese aplazamiento sine die de la resolución de los problemas que nos agobian; para no caer, en definitiva, en la procrastinación. Y he aquí que, en este caso, solo está en manos de quien hubiere el poder de decidir de seguir como estamos o dar carpetazo a la posposición, que puede llevarnos a la indolencia.
            Bastó que el presidente dijere un día "ya hablaremos cuando finalice el proceso de aprobación de los presupuestos", preguntado sobre una posible remodelación de su gobierno, para provocar una cadena de reacciones sobre el sentido y alcance de la reforma. Los presupuestos se aprobaron el pasado martes 24 con los votos a favor del PSOE (30), las 29 abstenciones del PP y Ciudadanos y los 6 de Podemos en contra. El PP la reclama; los consejeros afirman que el asunto solo compete al presidente y justifican su labor; otros, en fin, consideran que son pocos para tanta tarea. Los más asisten al espectáculo desde la grada, sin mojarse como los podemistas, dilatando el estado de ansiedad de algunos, que ven cómo el paro sigue subiendo, y Extremadura encabezó la citada tasa en España en 2016; los jóvenes huyen; los pueblos retornan a un pasado de despoblamiento; "los desahucios sufren en Extremadura el mayor crecimiento anual del país" (véase expansion.com, de 12/12/2016), pese a los múltiples convenios y remedios que tratan de frenar, y no procrastinar, esta labor de la Extremadura inacabada...
            Y por si fuera poco, al día siguiente de su "no" a los presupuestos, la Comisión de Administración Pública, aprueba, con los votos a favor de Podemos, su proponente, y PSOE,    dispuesto siempre a hacer de telonero en estas cuestiones, "una propuesta de impulso que busca una representación equilibrada entre mujeres y hombres en el número de Medallas de Extremadura que se concedan a título individual en cada anualidad" (véase eldiario.es, de 25/01/2017); es decir, lo que ya dijimos: la paridad es, para algunos, la suprema concreción de la igualdad, y "el PP --no sin razón-- replica que "se le hace un flaco favor a las mujeres si se las premia por el simple hecho de serlo". Dénselas a quienes deseen; pero este no un asunto de interés y prioritario como para ser tributario de la procrastinación.
             Mañana domingo ingresa en la RAE la lexicógrafa Paz Battaner (Salamanca, 1938), la undécima mujer en la institución, quien hoy afirma en una entrevista: "Creo que se debe utilizar el masculino incluyente en la mayoría de los casos porque lo demás lleva a inconsistencias muy grandes y a discursos reiterativos que no ayudan a mejorar la presencia de las mujeres en la sociedad" (véase culturaelpais.com, de 27/01/2017). Y los socialistas seguirán con su cantinela de siempre: Buenas tardes, compañeros y compañeras, amigos y amigas, todos y todas..., como si la feminización del plural masculino que a todos acoge les convirtiera en adalides de la igualdad. Para esto no se necesita un cambio de gobierno. Basta con procrastinar la crisis...
 

martes, 17 de enero de 2017

DESPEDIDA EXTREMEÑA DE LARRA

 
           Escribimos un día, hace más de un año (véase Mérida en 1835 vista por Mariano José de Larra, en meridaycomarca.com, de 06/11/2015), que el escritor, periodista y político Mariano José de Larra (1809-1837) visitó Mérida en 1835 y escribió sobre la ciudad dos artículos titulados "La antigüedades de Mérida".  Antes, había estado siguiendo a su padre, médico, en sus diversos destinos, entre ellos Cáceres, en el curso 1823-1824. En "Impresiones de un viaje. Última ojeada sobre Extremadura"[1], Larra se despide de Mérida saliendo por Alange, "pueblecito situado a la falda de una colina, y en una posición sumamente pintoresca". Lo pintoresco es para Fígaro un baño romano de forma circular y enteramente subterráneo, cuya agua nace allí mismo, y que se mantiene en el propio estado en que debía de estar en tiempos de los procónsules. Lo describe así el escritor: "Recibe su luz de arriba, y los habitantes, no menos instruidos en arqueología que los meridenses (sic), le llaman también el baño de los moros."  Para el viajero español, "la colocación de este baño hace presumir que los romanos debieron de conocer las aguas termales de Alange" que "en el día de hoy son todavía muy recomendadas, y hace pocos años se ha convertido en el centro de un vergel espesísimo de naranjos  a la entrada de la población una casa de baños,  donde los enfermos, o las personas que se bañan por gusto, pueden permanecer alojados y asistidos  decentemente durante la temporada".  Añade El pobrecito hablador que el agua de los baños de Alange sale caliente, "pero no se nota ni en su sabor, ni en su olor, ninguna diferencia esencial del agua común". Menciona el escritor que el pueblo, de fundación árabe, posee en lo alto de un cerro eminente los restos de un castillo moro, al pie del cual corre el río Matachel, riachuelo o torrente notable  por la abundancia de adelfas que coronan sus márgenes.
 
            El Duende afirma que, "considerada Extremadura históricamente",  ofrece al viajero "multitud de recuerdos importantes y patrióticos". Evoca su papel, "muy principal" en las conquistas del Nuevo Mundo; su héroes conquistadores, Hernán Cortés (Medellín)  y Pizarro (Trujillo). Dice de esta última ciudad que  "conserva un carácter severo de antigüedad que llama la atención del viajero: los restos de su muralla, y multitud de edificios particulares repartidos por toda la población, que "tienen un sello venerable de vejez para el artista que sabe leer la historia de los pueblos y descifrar en sus monumentos el carácter de cada época".
 
            Sin embargo, "considerada Extremadura como país moderno en sus adelantos y en sus costumbres", el autor de "Vuelva usted mañana" la define como la provincia más atrasada de España, "y de las que más interés ofrecen al pasajero". "Si se exceptúa la Vera de Plasencia y algún otro punto, como Villafranca, en que se cultiva bastante la viña y el olivo, la agricultura es casi nula en Extremadura".
 
            Considera que, antes de la Guerra de la Independencia y del decaimiento de la cabaña española, las dehesas eran un manantial de riqueza para el país "y sobre esa base se han acumulado fortunas colosales". Señala que, produciendo más las tierras de dehesa que la puesta a labor, se concibe que la provincia esté sumamente despoblada; y, reasumida la riqueza en manos de unos cuantos señores o capitalistas, resulta una desigualdad inmensa. Critica que el sistema de las dehesas sea favorable a la caza, de suerte que el pobre no halla más recurso que ser guarda de una posesión; y así --señala-- hay pueblos enteros que se mantienen como las sociedades primitivas.
 
            Fígaro define al extremeño como "indolente, perezoso, hijo de su clima y en extremo sobrio; pero franco y veraz, a la par que obsequioso y desinteresado". Advierte que la industria no existe "más adelantada que la agricultura: alguna fábrica de cordelería, de cinta, de paño burdo, de bayeta, de sombreros y de curtidos (sobre todo en Zafra) para el consumo del país"... El agudo observador indica que "la vivienda de un extremeño es una verdadera posada, donde el cristiano no puede menos de tener presente que hace en esta vida una simple peregrinación y no una estancia".
 
            Una vez conocido el estado de la agricultura y de la industria, Larra deduce la escasa importancia del comercio: alguna lana; aceite que envía al Alentejo, cáñamo, miel, cera, piaras de cerdo y embutidos. "El comercio de importación es casi nulo y la exportación se podría reducir a la que se hace de ganados a la famosa feria de Trujillo.
 
            Finalmente, describe el autor de Macías que la carretera de Madrid a Badajoz, principal camino de Extremadura, "es una de las más descuidadas e inseguras de España"; las posadas, "fieles a nuestras antiguas tradiciones", son por el estilo de las que nos apunta Moratín en una de sus comedias. No olvida, empero, los dos amenos sitios que se descubren antes de llegar a Mérida: los confesonarios, el grande y el chico, "dado por un pueblo religioso a un asilo de bandidos".
 
            Por último, se despide de Badajoz, "antigua capital de Extremadura y residencia de sus reyezuelos moros", que "no ofrece nada de curioso". Subraya, sin embargo, "la amabilidad y el trato fino de las familias y personas principales", que compensan con usura las desventajas del pueblo, por lo que le resulta difícil separarse de ellas sin un profundo sentimiento de gratitud por pocas personas que haya conocido.
 
              Concluye Larra: "Era el 27 de mayo, el sol comenzaba a dorar las campiñas y las altas fortificaciones de Badajoz: al salir saludé el pabellón español, que en celebridad del día ondeaba en la torre de Palmas... El Caya, arroyo que divide la España del Portugal, corría mansamente a mis pies; tendí por última vez la vista sobre la Extremadura española; mil recuerdos personales me asaltaron; pero sentí oprimirse mi corazón y una lágrima se asomó a mis ojos... Entonces, el escritor de costumbres no observaba; el hombre era solo el que sentía..."
      


[1] Vid.: José de Larra, Mariano: Artículos de costumbres, Espasa Calpe, S. A., Madrid, 2003., págs. 105-110.
 

lunes, 16 de enero de 2017

ILUSIONES DE AÑO NUEVO

 
           La ilusión que principia en Navidad es, a veces, la viva complacencia del recuerdo de la persona, ausente o presente; la ilusión de la lotería es una esperanza cuyo final se desea atractivo. La ilusión de los Reyes Magos es una imagen de la representación causada por el engaño paterno o de la tradición que, aun descubierta, persiste en aquella como la complacencia que todos deseamos. No hay ilusión única en el inicio del Año Nuevo que anide en todo ser humano. Más que ilusión óptica, la ilusión es también la luz que ansiamos. La ilusión es el deseo reiterado de la luz ambicionada: la salud, el amor, el bienestar... Pudiere haber ilusión; pero sin la luz, como la fe sin la resurrección, sería una fe vana.
            Hay ilusiones ópticas que aumentan aquellas; hay otras, empero, que, como las luces de la Navidad, son efímeras, tanto como el tiempo que abarcan el nacimiento y los regalos compartidos. La ilusión es subjetiva, pero trasciende en su agregación a otros: No hay ilusión sin compartir, como los alimentos sobre la mesa. Por ello se bendicen y se dan gracias; pero la ilusión hay que trabajarla y sembrarla para recoger sus frutos. No se vive de ilusiones; sí podemos mantenerlas vivas.
            Cada Navidad, cada nuevo año, la ilusión se nos representa como una esperanza, con o sin fundamento real, de lograr aquello que anhelamos o perseguimos; pero la realidad es terca: pocas veces se ven cumplidas nuestras ilusiones. Ansiamos atractivos que se ven cercanos y que se antojan en el horizonte, ya fueren humanos, de salud o trabajo y bienestar. Como una ilusión óptica que, satisfecha en quien la acuna, ofrece  una alegría tal que es preciso compartir.
            El ser humano se ha vuelto esquivo a compartir la ilusión; en muchas ocasiones, la ilusión se torna en la reconciliación. Damos a los demás parte de lo que nos sobra (la caridad); otros, quizá, no dan nada de lo mucho que poseen (el avaro). Animamos la ternura y la ilusión de los inocentes; accedemos a menudo a adquirir boletos que nos alimenten la ilusión. No hay vida sin ilusión, aunque haya muchos en nuestro derredor, que, en lugar de alimentarla, la cercenen. La ilusión nace, se desarrolla y fenece, como todo ser vivo... La ilusión distorsiona, en ocasiones, la realidad: tenemos ilusiones ópticas, como espejismos en el desierto, que transmutan la superficie lisa en otra líquida, inexistente. Albergamos ilusiones imposibles, no tanto porque dependan de nosotros mismos, sino por quienes las mutilan. Nuestra ilusión deviene en el ilusionismo, como el arte de crear algo imposible desde la humana lógica; pero, sin ilusión no se vive...
 

domingo, 15 de enero de 2017

LA AGENDA DE ESPAÑA EN LA AGENDA SOCIALISTA

 
           La paz parece haber llegado al PSOE. El Comité Federal de ayer sábado propuso las fechas del próximo congreso federal (17 y 18 de junio) y las primarias, en fecha por determinar, en otro comité que tendrá lugar en marzo, tan solo con cinco votos en contra. No hay, pues, en el máximo órgano de gobierno del partido entre congresos ni tantos críticos como quieren hacerse notar, ni la intransigencia ni las prisas de otros voceadas desde el 1 de octubre. Si aquellas son siempre malas consejeras, las tensiones y divisiones internas que, de la noche a la mañana, parecían surgir reclamando lo que se solicitaba desde aquella fatídica fecha, no fueren lo más oportuno para coser las heridas abiertas y cerrarlas cuando hubieren supurado.
            A la Gestora socialista le ha tocado jugar el papel de mala en el ínterin, que ha hecho bueno al final. Su presidente, Javier Fernández, pronunció ayer un discurso de moderación muy alejado de las trompetas apocalípticas de la pretendida revolución de octubre que propugnare el exsecretario general, Pedro Sánchez. Nada más y nada menos que "la agenda del partido vuelva a caminar de la mano de la agenda de España", que "es tanto como decirle a la gente que somos mucho más que una maquinaria dedicada en exclusiva a arrojar a cualquier precio a la derecha del poder". En una España, cuyo 40% por ciento de la población se declara socialdemócrata, como recordó el presidente, esa gente espera de un partido de gobierno y constitucionalista que "le proporcione identidad, y sepa quiénes somos, de dónde venimos y, con nosotros, a dónde van", sin renunciar a reconocerse en lo que fue, a los que hicieron posible la idea ilustrada de la España moderna, porque "si se les proscribe, nos quedamos sin referentes".
            Fernández ha solicitado lealtad "a uno mismo, a tu partido, a tus votantes y a tu país" y ha recordado que, cuando esas lealtades entran en conflicto, "siempre tienes que poner a tu país por encima de todo lo demás". Y ha subrayado qué significa estar en la oposición, por si alguien lo había olvidado: "no hay victorias que celebrar, ni cargos que repartir, ni éxitos diplomáticos que contar; lo único que hay es trabajo, esfuerzo y tesón, que si la hacemos unidos, mañana gobernaremos unidos". Al final, se ha hecho realidad el anuncio del exsecretario de Organización federal, César Luena, quien propuso a finales de enero del pasado año, las fechas del congreso para mediados de junio con las primarias previas. Ahí las tiene ya quien, con su conducta, también propició la confusión más que la concordia necesaria para afrontar un proceso electoral de un "partido  --como ha enfatizado el presidente de la Gestora-- que "es el más viejo y el más nuevo de todos los partidos, el único que hoy tiene un planteamiento alternativo a la derecha liberal, al nacionalismo identitario y al populismo radical".
            No se ha callado nada de lo que hubiere de decir en esta hora de España el presidente de la Comisión Gestora, y ha recordado, cómo no, la abstención para la gobernabilidad del país como "la menos mala de las soluciones". "Al día siguiente de las elecciones de junio, la inmensa mayoría de los dirigentes de este partido sabíamos lo que había que hacer, lo que no sabíamos era cómo ganar el congreso después de hacerlo. Y eso quiero decirlo porque callar sería insultar a la verdad." Un partido que ha gobernado el país más de veinte años en democracia, no debe anteponer el poder por el poder mismo, olvidándose de los problemas de los españoles porque, de lo contrario, estos le darían la espalda.
            El camino está ya abierto. El expresidente del Gobierno vasco y del Congreso, Patxi López, anunciará hoy su candidatura, que desveló ayer a los notables del partido; la presidenta andaluza, Susana Díaz, iniciará la semana entrante su gira por España, aunque hasta el momento no haya revelado sus cartas, que podría anunciar hoy tras el anuncio de López. No hay por qué fracturar el partido, porque las puertas están abiertas para todos. Ahora, no se trata de predicar, sino de saber qué quieren los españoles del PSOE, y está muy claro lo que desean: estabilidad política e institucional, empleo, reforzar el Estado social, la calidad del espacio público, la autonomía política, la planta política del país, la construcción europea... Javier Fernández ha dado el pistoletazo de salida con el mejor discurso que pudiere esperar "la gente que quiere cambiar, pero que no quiere romper los equilibrios básicos de la sociedad". El futuro de España no está para las veleidades que otros predican.