sábado, 26 de mayo de 2018

SAN RENATO, EL XIII OBISPO DE MÉRIDA


           San Renato (el que vuelve a nacer) o Renovato (aquel que ha sido restaurado, según la etimología latina) fue obispo de Mérida desde el 616 hasta antes del 632. Enrique Flórez estima que estuvo como obispo dieciséis años. [1] En el episcopologio emeritense aparece como el obispo decimotercero, tras Inocencio (605-616), seguido de Esteban I (632-637), mientras que en el blog "La verdadera libertad" se afirma que es el decimocuarto prelado emeritense. [2]
            Lo poco que se conoce de él se debe al diácono Paulo quien, según Flórez [3], "le conocía muy de cerca, pues refiere con tanta individualidad sus cualidades que parece quiso dexarnos dos retratos, uno de su cuerpo y otro del espíritu". Señala el diácono que "era godo, de familia noble en linaje y muy ilustre en la sangre". Físicamente lo describe como "robusto de estatura y de agradable rostro". Entre sus cualidades subraya  que era "de ingenio vivo y perspicaz"; era "cultivado en artes y florecía en las ciencias eclesiásticas y en las Sagradas Escrituras". Su espíritu era "manso, sufrido, misericordioso, prudente, justo" y edificante en sus acciones. Por ello, el autor de "España sagrada" señala que "fue hallado digno de ser electo abad del monasterio Caulianense, situado junto al río Guadiana", a unas dos leguas de Mérida [4]. Cuenta el diácono Paulo que el obispo Renato tenía gran celo por el bien de sus monjes, a quienes dirigía por la senda de la perfección "con doctrina y el vivo exemplo"; pero sufrió mucho con el descarrío de uno de ellos y, a pesar  de las amables reprensiones que le hacía, seguía cada día peor hasta que un día, por obra de un milagro, el monje se arrepintió y estuvo sin sentido durante varios días. Renovato le ungió con el óleo de la extremaunción y murió tres días después. "Enterrado en el modo acostumbrado, después de quince años o más, el río Guadiana arruinó, con una de sus avenidas, muchas fábricas vecinas, entre ellas el monasterio Caulianense." Al restaurarlo los monjes, y al abrir la sepultura del citado, "salió un olor maravilloso y encontraron su cuerpo tan incorrupto como si en la misma hora hubiera sido enterrado, de suerte que ni el hábito ni los cabellos tenían la más mínima lesión..."
            El diácono Paulo no da muchos detalles de Renovato como pastor de la Iglesia emeritense, si bien deja patente "el zelo con que miraría por el bien universal de las ovejas" y añade que "con su doctrina, con su predicación y con su exemplo crió otros tales como era en sí mismo, que todavía brillaba la Iglesia con su doctrina como la Luna por el Sol que la gobernó por muchos años". Su cuerpo fue enterrado en una capilla junto al altar de la Mártir Santa Eulalia, junto a los de sus predecesores, Masona e Inocente.[5] Allí permaneció durante el tiempo que reinaron los godos, hasta la llegada de los sarracenos, en que Mérida padeció bastantes infortunios y, como estos no respetaban a los santos que hubiere enterrados junto a la Mártir, los cristianos resguardaron las reliquias. En tiempo de los Reyes Católicos, al hacer obras en la basílica de Santa Eulalia, "se descubrió en una concavidad de la pared, cerca del altar mayor, una caja donde había cabezas y huesos de hasta doce o catorce santos. Y quiso nuestro Señor manifestar cómo eran reliquias de sus santos porque demás de sentirse un olor suavísimo en toda la iglesia, con que todos los presentes se alegraban y bendecían al Señor..."
            Su festividad se celebra el 31 de marzo. [6]
--------------------------------------------------------------

[1] Vid.:  Flórez, Enrique: España sagrada, Vol. XIII, Trat. 41, cap. 8, págs. 208-213.
 
[3] Ob. cit.
 
[4] Vid.: Wikipedia.
 
[5]  Vid. : Blog Cofrades, publicado por Javier Campos (http://cofrades.sevilla.abc.es/profiles/blogs/san-renato-de-m-rida)
 
[6]  Vid.:  Deguate.com, publicado por Elsa Robles. (http://www.deguate.com/artman/publish/santo-de-hoy/san-renato-de-merida.shtml).


viernes, 25 de mayo de 2018

"UNA NOCHE EN CÁCERES" CON DÍAZ-CAÑABATE


           Antonio Díaz-Cañabate (Madrid, 1897-1990) fue periodista, escritor y crítico taurino (en ABC, desde 1958 hasta 1972, hora de su retirada). Cronista oficial de la villa y corte desde 1966, tuvo dos amores: Madrid y la tauromaquia, a la que canta con nostalgia en "Historia de una taberna" (1944). En 1950 publica "La fábula de Domingo Ortega" [1], el torero castellano con el que recorre toda España. Ortega  nació en Borox, Toledo, en 1906, y falleció en Madrid en 1988. En el mes de mayo de finales de los 40, el torero viene a Cáceres para participar en una corrida de su feria. Díaz-Cañabate dice en su último capítulo que empezó el libro en 1943 y lo terminó el 19 de agosto de 1949. Quizás ese mismo año o el anterior --pues le quedaban cinco capítulos más para concluirlo-- escribe en esta obra el capítulo "Una noche en Cáceres". El cronista hace un alto en su fábula, y aprovecha que el maestro duerme en la habitación del hotel Álvarez para descubrir "Cáceres a la luz de las estrellas". Pasea el cronista durante toda la noche por la ciudad antigua. La vive, la siente, la palpa, se enamora de su embrujo. "Cáceres es una ciudad maravillosa. Su parte antigua, conservada casi intacta, está en lo alto, dominando el moderno caserío, y aún subsiste bastante parte de las murallas romana y árabe", escribe. Le llama la atención el "Torreón de Bujaco". "Nos anonada más que su fábrica, su robustez. Embutido entre modernas construcciones, es como un gigante que nos saliera al paso y nos hablara en latín. Así, este Torreón de Bujaco se nos aparece, no con aire fantasmal. Quizá sea el vino que bebimos con Juanillo el que transforma las piedras en contornos de matrona que ampara en su regazo la feria de Cáceres, que acoge mi pobre personilla, huérfana de lecho, y le da ánimos para la noche en vela... El caso es que emprendo con buen talante la ascensión de la escalinata que, muy próxima a él, conduce al Arco de la Estrella, practicado en la antigua muralla. Trasponer un arco  de prisa, como se anda por la Carrera de San Jerónimo, es grave pecado. Hay que cruzarlo con paso lento y continente ceremonioso, oyendo interiormente música de atabales y añafiles, ecos de trompas. Hay que sentirse conquistador de algo, aunque no sea más que de la noche cacereña, o señor de las cigüeñas que allá, en lo alto de sus nidos, redoblan sus castañeteos en nuestro honor."
            Ya está el cronista en la ciudad antigua. ¿Cómo la ve, cómo la siente y la describe? Entra en la plaza de Santa María a las tres y media de la madrugada; enciende un cigarro porque "sin cigarros puros, las ferias se empequeñecen". Reposa en un banco, "que hasta las cinco y media de la tarde que empiezan los toros hay tiempo". Da lumbre a un beodo que va dando traspiés. Se levanta y se pierde por otra callejuela "entre palacios, iglesias y casucas". Camina sin prisa y al azar. Se siente trasladado a otra época. "Es curioso este afán que a muchos hombres domina por haber vivido en otras edades." Se conformaría -dice- "con haber sido gran señor en Cáceres en el siglo XVI y con que este palacio de los Golfines hubiera sido mío..." Continúa su paseo entre añoranzas de los magnates de aquellos tiempos: "los Blázquez, Ovando, Ulloa, Carvajal. Saavedra... estirpes extremeñas ilustres, dueñas de estos palacios que tan tristes se presentan a mis ojos soñolientos... Y cansado de pisar guijarros puntiagudos, de subir y bajar callejones en cuesta, retorno otra vez a la Plaza Mayor". El cronista se refugia en los soportales al husmeo del reposo de una churrería "o algo parecido que me dé cobijo y aliento". Pregunta a una pareja de guardias que pasea por si hubiere algo abierto durante esas horas. Le responden que hay un café que no cierra en las noches de feria, allá, "en un paseo cuyo nombre olvidé". Lo describe como un café moderno, "de falso lujo pretencioso", "en donde están tumbados, dormitando en posturas inverosímiles, feriantes sin hogar. Algunos roncan como benditos. Me tomo un tazón de algo parecido al café con leche". Escucha que, dentro de media hora, llegará el tren de Madrid, en el que vendrá la cuadrilla de Ortega. Piensa: quizás el mozo de espadas le proporcione cama para dormir unas horas, porque aún quedan más de doce para que suene el clarín en la Era de los Mártires. Y se dirige a ella (antes en la barriada de Moctezuma) algo reconfortado, no tanto por el brebaje cafetero, sino por dos copas de anís seco, "que es el gran estimulante de los amaneceres".  Del Cáceres secular ha saltado al tumulto pequeñito, pero tumulto, al fin, del ferrocarril. "Ante la cantina se agolpan los que pretenden matar el gusanillo ese de la mala leche o del madrugón." Llegan los subalternos de Ortega, capitaneados por Jesús.
            --Pero, don Antonio, qué hace usted a estas horas en la estación?-- le interpela este.
            --Pues nada, tomando el fresco y de paso, unas copas de anís.
             --Como si lo viera --me dice Blanquito, el buen banderillero-- que te has metido en juerga y terminas ahora.
            --Hombre, claro, ya sabes tú lo que es Cáceres: Sevilla en miniatura. Si le digo que he estado paseando entre palacios antiguos desmerezco mucho ante sus ojos...
            Acumulado el equipaje en una carretilla, y andando por falta de medios de locomoción, se dirigen a la Plaza Mayor, donde se encuentra el alojamiento apalabrado por Jesús.
            --No se apure usted, don Antonio: allí tendrá usted la mejor cama", le dice.
            Al llegar a la plaza ya están abiertos los cafés. En uno de los soportales, toman churros y tortas de aceite con el café. Jesús va a ocuparse de las camas. Vuelve y les dice:
            --Mal anda el asunto. Pero me ha prometido el dueño que dentro de una hora tendrá una cama libre para usted.
            Y sobre las ocho de la mañana toma posesión de un lecho, en una  habitación interior, "llena aún de efluvios, no muy aromáticos, del huésped que la ocupó toda la noche". Como el sueño le rendía, se acostó con la añoranza de la cama del siglo XVI en el palacio de los Golfines. Decide levantarse y que le sustituya como pasto de los chinches otro ciudadano de más dura epidermis. "A la calle de nuevo, que ya falta menos para las cinco y media." 
            Díaz-Cañabate se recoge en otro café. Son las nueve de la mañana. Compra un periódico y lo lee. Se queda dormido. Se despierta a las once, cuando muchos parroquianos roncaban. Echa de menos el agua y piensa que lo mejor será ir al hotel Álvarez, residencia de Domingo, "a ver si en su lavabo podía chapuzarme la cara".
            --¿No has dormido? ¿Qué has hecho? ¿De juerguecita, eh?
            --No, señor; no he estado de juerga; he estado de arqueología, para que te enteres!
            Se lava y se afeita. "Esto de afeitarse descansa mucho. La barba a los moros les sienta muy bien, pero a los cristianos, nada más que regular... "Sea lo que fuere, es que después de una noche sin dormir parece que, al rasurarnos los pelitos del rostro, raemos también el sueño que se queda entre pompas de jabón en la maquinilla". Sale a la calle como nuevo y recuerda: "Ahora me doy cuenta que este capítulo se titula Domingo Ortega en el campo y yo estoy aquí venga a hablar de Cáceres y del insomnio y de otras zarandajas que en nada se relacionan con el tema..."
________________________________



[1] Díaz-Cañabate,  Antonio: La fábula de Domingo Ortega, prólogo de Luis Calvo, 2ª edición, Juan Valero editor, Madrid.


martes, 15 de mayo de 2018

INHIBICIÓN DE LA PALABRA


           Somos unos inhibidos. Estamos rodeados de restricciones, impedimentos y prohibiciones para actuar tal cual somos. Nos inhibimos no tanto por la ley como por la formación, la falta de confianza o la sinceridad. La inhibición es un impedimento, un estorbo, una prohibición, ante la que muchos se rebelan: prohibido prohibir... Hay dos inhibiciones en el Derecho: la del juez que se inhibe de una causa por no ser de su competencia; y la inhibición general de los bienes de un individuo o compañía, recurso del que hace uso quien cree tener derecho de acreedor sobre la persona o empresa, porque la misma hubiera incumplido un pago o relación contractual. Si la inhibición resultare efectiva por vía legal, el inhibido no podrá disponer de los bienes restringidos, inhibidos. Nos inhiben el dolor por la medicación. Nos inhibimos de expresarnos libremente ante oídos no preparados para escuchar. A cada momento, nos reprimimos en el ejercicio de facultades o hábitos. Nos declaramos incompetentes por inhibidos. No declaramos nuestros deseos por una inhibición de dudosa respuesta. Solo si nos preguntan, y respondemos por nuestra conciencia y honor, podemos evadirnos de la capacidad inhibitoria de la palabra que emana de la voluntad del ser.
            El temor al castigo nos inhibe de un acto o deseo; pero cuando no concurre esta realidad, hay otras inhibiciones en las que sumergirnos ante el temor de no vernos complacidos. No declaramos un amor a tiempo, y ese amor se evapora; nunca más volverá... No vemos a alguien a quien deseamos, pasa el tiempo y la inhibición de la palabra frustra el deseo anhelado. La inhibición viene, sí, del sujeto que la encarna; pero está sujeta siempre a otras conductas o hábitos, sean leyes, o deseos personales. Negamos la realidad y nos inhibimos de la responsabilidad. Nos pasamos de un grupo a otro para seguir montados en el tren y nos inhibimos de la ética que debiere ilustrarnos para pasarnos a la vía de la evasión, que no será nunca la inhibición de la palabra que nos cierra el alma. La libertad no inhibe el deseo; lo inhibe quizá la respuesta a ese deseo.

jueves, 3 de mayo de 2018

DOÑA MARÍA LA BRAVA


           María Rodríguez de Monroy, conocida como Doña María la Brava, nació en Plasencia en el palacio de su familia, también conocido como Casa de las Dos Torres. Casada con Enrique Enríquez de Sevilla, Señor de Villaba de los Llanos, se trasladó a vivir al palacio de la familia de su marido en Salamanca, ahora conocido como Casa de doña María la Brava. Tuvo cinco hijos, tres varones y dos mujeres: Alonso, Pedro, Luis y María y Aldonza. Enriquez de Sevilla murió en 1454, dejando a María con los cinco hijos, el mayor de ocho años. En 1457 murió Alonso, el primogénito.
            En 1465 ocurrió en Salamanca un trágico suceso. Durante un juego de pelota hubo una disputa entre los hermanos Manzano (Simón y Alonso) y los hermanos Enríquez (Luis y Pedro), hijos de doña María. La discusión se encrespó y los Manzano mataron a Luis, el menor de doña María. Temiendo la venganza del hermano mayor, le avisaron de que su hermano había sido malherido. Los Manzano y sus criados le prepararon una emboscada y le dieron muerte, huyendo de la ciudad por consejo paterno. Al enterarse del suceso, la madre persiguió a los asesinos de sus hijos hasta encontrarlos en una posada de la ciudad portuguesa de Viseu. Allí los prendieron y ejecutaron. Doña María ordenó que los decapitasen y regresó a su casa con las cabezas, que depositó en las tumbas de sus hijos enterrados en la iglesia de Santo Tomé. "Hijos míos, --les dijo-- he aquí a vuestros asesinos. Descansad ahora en paz."
            Este hecho encrespó los ánimos: la ciudad se dividió en dos bandos: el llamado de San Benito, con la familia de los Manzano, y el de Santo Tomé, encabezado por los Enríquez. La rivalidad no concluyó hasta la intervención del fraile Juan de Sahagún (Sahagún, 1430; Salamanca, 1479), --canonizado en 1691 por el papa Alejandro VIII y patrón de su ciudad natal, de la homónima colombiana y de Salamanca-,  quien logró apaciguar los ánimos y terminar con la guerra de los dos bandos el 30/09/1476, con el Acta de la Concordia. Poco después falleció doña María.
           El 27 de noviembre de 1909, el dramaturgo Eduardo Marquina llevó a los escenarios del Teatro de la Princesa de Madrid la vida de María Rodríguez, en la obra titulada Doña María la Brava, cuyo personaje encarnó la actriz María Guerrero. La obra se repuso en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid en 1944, interpretada también por María Guerrero.


--------------------------------------------------------------------------

Bibliografía consultada: Álvarez, Luciano: María, la brava, en El País, de 08/04/2017; www.extremaduramisteriosa.com; blog.hotelregio.com; y Wikipedia.
 
 

lunes, 30 de abril de 2018

DE NAVALMORAL A SEVILLA SIN PERDER LA SILLA


           Joaquín Caparrós (Utrera, Sevilla, 1955) ha vuelto a Sevilla tras el cese del entrenador italiano Vincenzo Montella (Pomigliano d´Arco, Nápoles, Italia, 1974) el sábado 28 de abril, para dirigir a su exequipo hasta final de temporada, y luego se verá. Montella firmó con el Sevilla un contrato de año y medio de duración para reemplazar a Berizzo el 28 de diciembre del pasado año; pero los malos resultados (4 empates y cinco derrotas) provocaron que la directiva sevillista volviera los ojos a Caparrós.
            El técnico sevillista, que lleva treinta y siete años de entrenador, desde 1981, vuelve a la que considera su casa para iniciar la segunda etapa como técnico del club de Nervión tras dejarlo hace trece años (2000-2005). Durante esta larga etapa, Caparrós ha dirigido a 21 equipos, 19 en España y 1 en Suiza y en Catar, respectivamente.
 
            Una larga trayectoria como para recordar tantas idas y venidas, triunfos, empates, y también derrotas, que nunca le quitaron la sonrisa y su corte de caballero del fútbol. No de otra manera podría haber pasado por tantas vicisitudes manteniendo el respeto como norma, la exigencia como condición, y su caballerosidad como etiqueta.
            Caparrós inició su trayectoria como entrenador en el CF San José Obrero conquense en la temporada 1981-82. Tras pasar la siguiente por el Campillo CF (1984-1986), Montilla del Palancar CF (1986-1989), Selección de fútbol de Castilla-La Mancha (1989-1990), CF Gimnástico de Alcázar (1990-1992), U. B. Conquense (1992-1993), vino a parar al Moralo C. P., de Navalmoral de la Mata (Cáceres), en la temporada 1995-1996. Gracias al exjugador e investigador de la historia del club, José Luis Camacho Rosell --autor del libro Historia del Moralo C. P.,-- sabemos que el club moralo militaba en el Grupo XIV de Tercera División aquella temporada, al que Caparrós dejó en el tercer puesto con 79 puntos y subcampeón de grupo con ocho puntos (dos victorias, dos empates y dos derrotas) en la liguilla de ascenso disputada con el Manchego, Motril y San Fernando. En mayo de 2005, al cumplirse el 50 aniversario del club, Joaquín Caparrós asistió a los actos organizados, entre ellos la exposición montada por el exjugador e investigador Camacho Rosell. Acababa esa temporada  sus cinco años en el Sevilla, al que clasificó dos veces para la UEFA, tras haber pasado antes por la Segunda División y dejarlo situado en la élite del fútbol español, consolidándose bajo sus órdenes jugadores de la talla de José Antonio Reyes, Sergio Ramos, Daniel Alves, o Júlio Baptista.
 
            Tras el Sevilla, vendrían sus etapas del Deportivo, Atletic Club, Neuchâtel suizo, Mallorca, Levante, Granada, Osasuna, Al-Ahli Doha, para volver de nuevo al Sevilla, cuya silla jamás perdiere, aunque la dejare en 2005 entre lágrimas tras dirigir al club de sus amores más de doscientos partidos y asistir al cincuentenario de su antiguo equipo, el Moralo C. P., del que pocos quizá se acuerden. Ojalá, como cuando un día llegó a su club de toda la vida, Caparrós logre conseguir la clasificación europea en las cuatro jornadas que faltan para concluir una Liga ya con campeón, tras la Copa perdida.
            

LÉXICO FEMINISTA


            El pasado Día Internacional de la Mujer reveló un nuevo léxico que muchos hombres son incapaces de traducir. Recordaba recientemente que la Fundación del Español Urgente hubo de salir al paso para aclarar que feminismo no es antónimo de machismo, al definir el primero como "el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre", mientras que el segundo vocablo se define como "la actitud de prepotencia respecto a las mujeres". No son, pues, términos equiparables ni antónimos. El antónimo es lo opuesto. En modo alguno podría decirse que "el feminismo es el machismo al revés", como recogía en su blog  (https://www.pagina12.com.ar/94084-30-frases-que-una-feminista-no-quiere-escuchar-masla colega Mariana Carbajal, al referirse a un conjunto de frases que una feminista no quisiere escuchar más, como "las feministas odian a los hombres", o "no soy feminista, soy femenina". No se trata de etiquetas, ni de ir contra los hombres, ni de que estos vayan contra aquellas. Los hombres feministas deben ser aliados, el apoyo de las mujeres en un segundo plano, para luchar contra las desigualdades que sufren, como la brecha salarial, entre ellas, en la que no, por el mismo trabajo, cobran igual salario. No se trata, tampoco, de androcentrismo, o la visión del mundo que sitúa al hombre como centro de todas las cosas; ni menos aún hembrismo, definido como lo opuesto a la versión femenina del machismo. Los extremos se tocan: ni marichulo (acrónimo de macho y chulo), dirigido en el Congreso contra un dirigente conservador por la portavoz podemita, ni "victim blaming", expresión inglesa, que culpabiliza a la víctima o la cuestiona por el hecho de ser mujer y haber sufrido un atentado contra su libertad sexual. Por ello, toma fuerza en el feminismo militante el vocablo empoderamiento, o el proceso de conceder poder a un colectivo que se halla en situación precaria, como la mujer. Por encima de todo, la sororidad (del latín, soror, sororis, hermana), o la agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres para lograr su poderío y la solidaridad entre ellas, ante un techo de cristal que limita sus avances en su carrera profesional.

martes, 24 de abril de 2018

BERNABÉ MORENO DE VARGAS, REGIDOR PERPETUO DE MÉRIDA


           Bernabé Moreno de Vargas (Mérida, 1576-1648) es regidor perpetuo del Ayuntamiento y primer historiador y cronista de la ciudad.  Su padre, D. Alonso Moreno de Alba, probó suerte en el camino de América en la campaña del virrey don Francisco de Toledo de 1569  y, según declara en la ejecutoria de hidalguía de 1600, descubrió una mina de oro en el reino del Perú, en la provincia de los Lipes. Concluida su etapa atlántica, retornó a su casa de Mérida en 1573, donde contrajo nupcias con la cacereña María Pérez de Vargas y Osma,  con la que tuvo cuatro varones y una mujer que tomó hábitos. [1]
 
             Moreno de Vargas estudió Derecho en la Universidad de Salamanca, por la que se licenció en 1598, y ejerció su profesión en Montijo y Mérida, ciudad en la que residió durante los últimos treinta años de su vida. Fue el primer regidor de Mérida y el primer autor reconocido como historiador de la ciudad. Reunió en su casa inscripciones y antigüedades y escribió una Historia de la ciudad de Mérida dedicada a la misma (Viuda de Alonso Martín, 1633, 672 págs.), además de Discursos de la nobleza de España  (Imprenta de Don Antonio Espinosa,1795). [2]
            Nacido de una familia emeritense, algunos de cuyos miembros ocuparon  cargos en el Tribunal de la Inquisición, heredó el mayorazgo paterno, fijó su residencia en Montijo en 1604, donde fue cuatro veces alcalde ordinario, dos alcalde de la Hermandad y cinco diputado por los hijosdalgos, cuya ejecutoria de hidalguía había conseguido en 1600, con el poder de su padre. Aquí se casó con María Barrena Grajera, con la que tuvo siete hijos, de ellos dos varones: Alonso, capitán de milicia, y Francisco, fallecido prematuramente, del que habla en su Historia. Isabel, Olalla, Leonor y María fueron los nombres de sus hijas, las tres primeras monjas en el convento de la Concepción. En 1616, en que fallece uno de sus hijos, está ya en Mérida, donde también muere su esposa en 1631. En 1638 fue gobernador de Hornachos, renunciando en su hijo Alonso el cargo de regidor perpetuo de la ciudad. [3] Este hombre enjuto y de complexión débil, como se describe en la página de respeto de su Historia de Mérida, falleció el 2 de mayo de 1648, a los 71 años.
            Sobre la primera de sus obras principales --Historia de la ciudad de Mérida dedicada a la misma, por Bernabé Moreno de Vargas, regidor perpetuo de ella (Viuda de Alonso Martín, 1633, 672 págs.)--, un informe emitido por la Real Academia de la Historia, con fecha 24 de diciembre de 1894, asegura que "los dos volúmenes publicados en aquella ciudad de Extremadura por D. Pedro María Plano"... constituyen un gran progreso de la cultura de una provincia capaz, como la primera, de figurar dignamente en el cuadro general de la moderna España... Tres obras comprende ésta á cual más estimable, únicas que existían referentes á la historia de Mérida, y un Apéndice que las prolonga y trae, por decirlo así, hasta la época actual, escrito por el mismo editor, D. Pedro Plano, con notable copia de datos y conocimientos. Es la primera la que en 1633 publicó el regidor perpetuo de Mérida, Bernabé Moreno de Vargas, hoy ya sumamente rara, y que á pesar de sus defectos ocupa un buen lugar en nuestra rica literatura monográfica. Siguen las Antigüedades de Mérida desde su fundación en razón de colonia hasta el reinado de los árabes, que dejó manuscrita el médico titular de aquella ciudad D. Agustín Francisco Torres, los que con el mismo título escribió el penitenciario de la catedral de Badajoz, D. Gregorio Fernández Pérez, ya impresa, aunque con grande escasez, en esta última ciudad por la Junta de Monumentos históricos y artísticos, que presidía otro distinguido emeritense, D. Bartolomé Romero Real, y los ya citados Apéndices del Sr. Plano, que alcanzan hasta nuestros días. La colección, con dos hermosos volúmenes en 4º mayor, ilustrados con vistas de los monumentos y reliquias que atesora la ciudad de los eméritos de Augusto, es completa como se ve. Pero todavía el manuscrito póstumo é inédito de D. Agustín Forner aumenta á su valor muchos quilates, no sólo por ser el único resto salvado de una Historia general de aquella ciudad ilustre sino por poderse decir de este escritor, como de D. Nicolás Fernández de Moratín se decía, que su mejor obra fué su hijo el famoso filósofo emeritense D. Juan Pablo Forner, el cual puso mano en la corrección del trabajo de su padre que hoy ve la luz".[4]
            Finalmente, su obra Discursos de la nobleza de España (Imprenta de Don Antonio Espinosa, 1795)[5], Moreno de Vargas resume en veinticuatro capítulos el origen de la nobleza y sus diferencias, de la nobleza política y quién la puede conceder, los modos para adquirirla, de los nombres de infanzones, hijosdalgos, gentileshombres y escuderos, de las diferencias que hay entre unos y otros, de la excelencia y calidades de la nobleza e hidalguía, de la perpetuidad de la nobleza, de los privilegios y exenciones de los hijosdalgos, del origen y principio de los apellidos, del origen y principio de las armas, escudos y blasones... para finalizar con las armas de la ciudad de Mérida.
            Por último, la profesora Cintia Campos recuerda que Moreno de Vargas es también autor del libro Pauli Diaconi Emeritensis liber de vita et miraculis patrum emeritensium (Imprenta Viuda de Alonso Martín, Madrid, 1633).[6]
---------------------------------------------------------------------------------
 
[2] Vid.:  Abascal Palazón, Juan Manuel, y Cebrián Fernández, Rosario: Los viajes de José Cornide por España y Portugal de 1754 a 1801.
 
[3] Vid.: Cuerpo Rocha, Manuel: Retazos bibliográficos de personajes de Montijo, en http://personajesdemontijo.blogspot.com.es/
 
 
[5] Vid.: Moreno de Vargas, Bernabé: Discursos de la nobleza de España, en http://fama2.us.es/fde/discursosDeLaNobleza.pdf
 
[6] Vid.: Campos Guariño, Cintia:  Gran Enciclopedia Extremeña, T. VII, Ediciones Extremeñas,  Depósito legal: VI. 180-1992. Imprime Heraclio Fournier, S. A., Vitoria.